Cómo vencer el cansancio espiritual, ¡vuelve a encender tu vida con Dios!

Si estamos agotados fisicamente, se ve fácilmente, pero hay otro tipo de cansancio que se vive en silencio. Puedes seguir sirviendo, congregándote, incluso ministrando… y al mismo tiempo sentir dentro un desgaste que no sabes bien cómo nombrar.

No has perdido la fe, no has dejado de amar a Dios; pero sabes que algo se ha enfriado.

La oración ya no fluye igual y tu pasión no arde como antes. Aunque no lo creas, muchos creyentes conocen esa sensación, aunque pocos la expresan: cansancio espiritual.


Cuando el alma también se agota

A veces pensamos que el desgaste espiritual solo les sucede a personas alejadas de Dios, pero muchas veces les ocurre precisamente a quienes más están entregándose. Pastores, líderes de una congregación, intercesores, servidores o creyentes fieles.

Son precisamente las personas que llevan mucho tiempo sosteniendo cargas, acompañando a otros, sirviendo sin detenerse; las que pasan por alto que el alma también se cansa. Y no, no es porque les falte amor por Dios, sino porque han dado constantemente sin hacer pausas para ser renovados.

 

El peligro de seguir funcionando por inercia

Una de las cosas más delicadas del cansancio espiritual es que puede pasar desapercibido aún para nosotros mismos porque todo sigue funcionando, sigues cumpliendo, sigues haciendo; pero sin darte cuenta, empiezas a vivir por inercia.

Lo que antes era fuego, empieza a sentirse como una rutina; lo que era intimidad, puede volverse un hábito. Es entonces cuando servir comienza a sentirse más como una carga que como un gozo.

Ahí suele empezar el desgaste.

Vivimos en una cultura que incluso espiritualmente empuja a hacer más. Más actividad dentro de la Iglesia, más servicio, más esfuerzo. Pero Jesús nunca enseñó que la vida espiritual se sostiene solo produciendo, nos enseñó que se sostiene permaneciendo en Su presencia, en constante intimidad.

La mayoría de veces el cansancio aparece cuando seguimos trabajando para Dios… pero dejamos de descansar en Dios. Esa diferencia es la que marca nuestro estado.

 

No siempre necesitas hacer más

Cuando sentimos sequedad espiritual solemos pensar: “Necesito orar más.” “Necesito esforzarme más.” Pero a veces no se trata de más esfuerzo, sino de volver al reposo.

Jesús dijo: “Venid a mí… y yo os haré descansar.”

No dijo que necesitáramos hacer más.

Dijo: "ven." Y eso cambia todo. 

Un momento en Su presencia hace que la carga más pesada desaparezca, que la preocupación que nos presionaba, se vea insignificante y que el gozo que se había marchado, vuelva con cánticos de júbilo.

 

Volver al lugar secreto

Hay fuegos que solo se restauran en lo íntimo. No en la actividad, ni en el ministerio, ni en lo público.

En el lugar secreto donde volvemos a estar con Dios sin preparar nada, sólo disfrutando de una intimidad genuina con Él, nos renueva.

Parece que no estamos produciendo nada, pero en realidad estamos haciendo mucho más de lo que haríamos si no tomáramos ese tiempo tan necesario para ser renovados. 

Cuidar el alma también es un asunto espiritual aunque pensemos que reconocer el cansancio es debilidad. Pero muchas veces es valentía, es honestidad porque nuestra alma necesita cuidado.

Jesús, nuestro ejemplo a seguir, se apartaba, descansaba, se retiraba y buscaba silencio. Si Él lo hizo, ¡cuánto más lo necesitamos nosotros también!

Dios sabe avivar lo que parece apagado

Esta es nuestra esperanza porque el cansancio no tiene por qué definir tu temporada. Dios restaura, renueva, aviva esas brasas que en realidad, no están muertas. Solo necesitan soplo, el soplo De Dios y Él sabe cómo hacerlo.

El avivamiento personal empieza en lo pequeño, no siempre vuelve todo con una gran experiencia espiritual; a veces empieza con cosas sencillas como una oración honesta, un momento de adoración o una pausa para volver a la Palabra. No para preparar algo, sino para alimentar el alma; y ahí, poco a poco, el fuego vuelve.

Si hoy te sientes cansado espiritualmente, ¡debes saber que no estás solo! Tampoco estás fallando y no, no estás perdido.

Quizá solo necesitas un tiempo de renovación porque Dios sabe restaurar corazones agotados, y el fuego que parece débil; Él sabe encenderlo otra vez.

0 comentarios

Dejar un comentario