Muchos líderes y predicadores llevan años compartiendo mensajes que han ayudado, enseñado y transformado vidas. Enseñanzas, notas, reflexiones acumuladas durante años de ministerio, etc.
Y aun así, muchos nunca han pensado seriamente en convertir todo eso en un libro. No porque no tengan contenido, sino porque sienten que no saben por dónde empezar.
A veces creen que escribir un libro es algo reservado para escritores profesionales; otras veces, piensan que sus mensajes funcionan en el púlpito pero no en formato escrito.
Mientras tanto, años de experiencia, revelación y enseñanzas de parte de Dios, permanecen guardados.
Otro de los pensamientos que impiden que empiecen a escribir es que todavía necesitan “más material”, pero la realidad es que probablemente ya tienen más contenido del que imaginan.
Todo lo que han compartido durante años con sus congregaciones o en conferencias, ya contiene ideas, principios y mensajes que pueden convertirse en capítulos.
Un libro no es simplemente una predicación escrita
Aquí está una de las claves más importantes: predicar y escribir no son exactamente lo mismo.
Una predicación impacta en un momento y quizá puede difundirse de alguna forma el audio, pero un libro acompaña el proceso de transformación mientras la persona va aplicando lo que Dios le va revelando.
Por eso un mensaje hablado necesita adaptarse para convertirse en lectura, no basta con transcribir una enseñanza completa porque el lector necesita claridad, una estructura con la que pueda comprender como practicar lo que lee, ser guiado por un recorrido a medida que lee el libro y así crear una conexión con Dios a través del mensaje.
Y cuando eso se trabaja correctamente, el mensaje gana profundidad y alcance.
Empieza identificando el mensaje que más se repite en tu ministerio
Muchos líderes tienen demasiadas ideas a causa de su continua relación con Dios. Esto se incrementa cuando son dones del ministerio, ya que el Espíritu Santo trabaja revelando lo que el Cuerpo de Cristo necesita; y es precisamente por eso que no saben cómo empezar.
Quieren hablar de todo, pero los libros que más impactan suelen tener un mensaje claro y definido. Por eso una buena pregunta para comenzar es:
¿Qué tema llevo años enseñando constantemente?
Tal vez es sobre fe, identidad, sanidad, liderazgo, oración, restauración, propósito, etc.
Muchas veces el libro ya está escondido dentro de aquello que más arde en tu corazón cuando enseñas.
Tus predicaciones ya pueden convertirse en capítulos
Este es uno de los mayores alivios para muchos autores cristianos. Saber que no tienes que empezar desde cero y que tus enseñanzas ya contienen una estructura es ahorrar tiempo y tener la certeza de que Dios ya te dio ese mensaje para la Iglesia porque ya lo has enseñado antes.
Por ejemplo, una serie de predicaciones puede convertirse en secciones de un libro, mensajes específicos pueden desarrollarse como capítulos, testimonios ministeriales de tu congregación pueden fortalecer el contenido.
La clave está en reorganizar el mensaje pensando en el lector, no solo en el oyente.
El error de querer escribir perfecto desde el principio
Muchos escritores nunca terminan su libro por una razón sencilla: quieren que todo salga perfecto desde el primer día y esto bloquea completamente el proceso.
Escribir un libro cristiano no empieza con perfección, sino con obediencia a la instrucción de transmitir ese mensaje en páginas y con constancia. Primero se escribe, después se corrige y por último se ordenan los recursos en cada sección.
Pero si esperas sentirte completamente preparado para empezar… probablemente nunca empezarás.
Un libro necesita profundidad, pero también claridad
A veces, quienes llevan muchos años enseñando utilizan un lenguaje demasiado complejo sin darse cuenta, y uno de los mayores desafíos al escribir es aprender a comunicar profundidad de forma sencilla.
Impactar no significa complicar, lo vemos en la vida de Jesús; Él hablaba con profundidad usando ejemplos simples. No es casualidad que los libros que más conectan suelen ser aquellos que enseñan claramente, que transmiten la Verdad y que hacen sentir acompañado al lector.
Un libro puede seguir hablando durante años cruzando ciudades, impactando países y generaciones; y si escribimos un libro más práctico que complejo, llegará a personas que jamás entrarían a una iglesia.
Por esto escribir también es una herramienta poderosa para el Reino de Dios, porque hoy el evangelismo no ocurre solo desde una plataforma; también ocurre desde páginas escritas con propósito.
El libro que no escribes también es un mensaje que no llega
Entender esta parte es importante porque muchas veces no se trata solo de “publicar un libro”, sino de no guardar aquello que podría ayudar a otros.
Hay personas esperando respuestas de parte de Dios, una dirección, un mensaje que les traiga esperanza... Y quizás parte de lo que Dios te permitió vivir y aprender no era solamente para predicarlo, ¡sino también para escribirlo!
Si llevas años predicando, enseñando o ministrando; quizá ya tienes dentro de ti más que suficientes mensajes para comenzar un libro.
No necesitas tenerlo todo resuelto para empezar, solo necesitas comenzar a ordenar aquello que Dios ya ha puesto en tus manos durante años. Algunos mensajes fueron diseñados para un momento; pero otros fueron diseñados para permanecer; y tal vez tu libro sea uno de ellos.
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